Teherán, 21 de junio de 2025. En medio de una tensa escalada de violencia entre Israel e Irán, el cardenal Dominique Joseph Mathieu, arzobispo de la archidiócesis latina de Teherán–Isfahán, alzó su voz para reiterar un mensaje urgente de paz. En una entrevista concedida a Vatican Media, el prelado expresó su preocupación por la “guerra aérea asimétrica” que afecta la región, caracterizada por el lanzamiento de misiles y drones que cruzan fronteras sin enfrentamientos directos sobre el terreno.
“Aunque no vemos tanques en las calles ni soldados en combate abierto, el conflicto es real, silencioso y profundamente inquietante”, señaló. En un llamado directo a la conciencia internacional, el cardenal instó a intensificar la oración por la paz. “La guerra no es la respuesta. Lo que se necesita es volver a la mesa del diálogo. Por eso rezamos intensamente, para que se reanuden las negociaciones y prevalezca el sentido común sobre la venganza”, afirmó con firmeza.
El panorama en Teherán, según describe el cardenal Mathieu, es paradójico. Durante el día, la ciudad parece conservar una extraña calma: las calles siguen activas, los mercados abiertos, el internet funcionando. Pero las noches revelan una realidad distinta: el rugido de las defensas antiaéreas interrumpe el silencio, y la ausencia de sirenas o refugios adecuados deja a la población expuesta a la incertidumbre y al miedo constante.
En este contexto, la Iglesia católica en Irán —aunque minoritaria— sigue desempeñando un papel esencial de acompañamiento pastoral y humanitario. El cardenal subrayó que se han intensificado las acciones para apoyar a los desplazados y a las familias afectadas por los recientes bombardeos. “Estamos cerca de quienes más sufren, llevando consuelo, alimentos, oración y, sobre todo, esperanza”, manifestó.
Agradeciendo los mensajes y muestras de solidaridad recibidas desde distintas partes del mundo, el cardenal envió un mensaje fraterno: “Gracias de todo corazón por las oraciones. Rezamos por ustedes; recen por nosotros. Unidos en Cristo, que nos salvó con su sangre”.
Citando la Carta a los Efesios, recordó que el Señor “derribó el muro de enemistad y nos hizo un solo pueblo”. Ese es, precisamente, el horizonte que propone la Iglesia: derribar muros, sanar heridas y construir un futuro de reconciliación, incluso en los contextos más hostiles.
El testimonio del cardenal Mathieu es un faro de serenidad en medio del caos, y un recordatorio contundente de que la verdadera fe cristiana se vive no desde la comodidad, sino en la entrega por la paz, la dignidad humana y la fraternidad universal.





