Yangón, 17 de junio de 2025. En medio del recrudecimiento de los enfrentamientos armados que golpean varias regiones de Myanmar, la Iglesia católica ha alzado su voz para denunciar la situación crítica que atraviesan las comunidades cristianas y para agradecer al papa León XIV por su constante cercanía y llamados a la paz.
“El país está sumido en una crisis profunda. En muchas zonas de Myanmar, los combates no cesan, los civiles son desplazados forzosamente y el dolor se ha vuelto parte de la vida cotidiana”, denunció el vicario general Peter Sein Hlaing Oo, en declaraciones ofrecidas a medios vaticanos.
El religioso puso énfasis en la región de Sagaing, al norte del país, donde —según sus palabras— “los bombardeos son constantes y las víctimas civiles se multiplican”. “La región está siendo golpeada sin tregua. Hay muchas muertes entre la población inocente”, advirtió con gravedad.
En este contexto, las palabras del papa León XIV durante el rezo del Ángelus del pasado 15 de junio fueron recibidas con especial consuelo por las comunidades locales. El Santo Padre renovó su llamado a la comunidad internacional para que no olvide la crisis humanitaria en Myanmar y agradeció la labor de los líderes cristianos, quienes, a pesar de las difíciles circunstancias, continúan acompañando a su pueblo con fe y valentía. “Gracias a quienes no se rinden, a quienes siguen sembrando esperanza donde todo parece perdido”, expresó el pontífice.
A pesar de los riesgos, los sacerdotes en Myanmar siguen prestando asistencia espiritual y humanitaria a quienes más lo necesitan. “Nuestros pastores actúan con valentía para asistir a los más vulnerables —especialmente mujeres, ancianos y niños— que son quienes más sufren las consecuencias del conflicto armado”, explicó el vicario general.
Desde hace décadas, la Iglesia católica en Myanmar ha sido una de las pocas instituciones que se mantiene firme en su misión de servicio y defensa de la dignidad humana, especialmente en los momentos más oscuros. A través de centros de acogida, oraciones comunitarias, distribución de alimentos y mensajes de consuelo, continúa siendo un refugio espiritual y solidario en medio de la violencia.
La crisis en Myanmar no solo representa una emergencia nacional, sino también un llamado a la conciencia global. En palabras de los propios líderes eclesiásticos, la solidaridad internacional y la oración activa son ahora más urgentes que nunca. En un país marcado por el sufrimiento, la voz de la Iglesia se mantiene firme: no dejar a nadie atrás, incluso cuando las bombas siguen cayendo.





