El arzobispo José H. Gómez alza su voz: “No respondamos al miedo con más miedo”

Los Ángeles, 6 de junio. – En medio de un clima de creciente tensión social por las protestas contra las políticas migratorias del expresidente Donald Trump, el arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, emitió un mensaje que se alza como un llamado urgente a la paz, pero también a la justicia y a la compasión.

En una declaración pública dirigida tanto a la comunidad católica como a la ciudadanía en general, el arzobispo expresó su profunda preocupación por la decisión del gobierno federal de desplegar a la Guardia Nacional para contener las manifestaciones. La medida, según denunció, ha generado más miedo y división en una comunidad ya profundamente herida.

“Pido a todos que recemos, que mantengamos la calma y que moderemos la ira”, expresó con serenidad y firmeza. Aunque condenó los actos violentos cometidos por algunos manifestantes, fue claro al advertir que la represión generalizada no puede ser la respuesta: “Solo alimenta el miedo y la incertidumbre entre millones de inmigrantes que viven, trabajan y aportan al país de manera honesta”.

Un llamado a distinguir la amenaza del rostro humano

El arzobispo Gómez, quien también preside la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), dejó claro que el Estado tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos, pero denunció que las medidas adoptadas están afectando a personas inocentes que solo buscan una vida mejor.

“Estoy de acuerdo con que se tomen medidas contra quienes representan una amenaza real por su historial violento o vínculos con el terrorismo. Pero no hay justificación moral ni legal para implementar acciones tan extremas que infunden ansiedad y temor entre los inmigrantes comunes, aquellos que solo buscan sustentar a sus familias y vivir en paz”.

Su mensaje se enmarca dentro de una postura pastoral sostenida en el tiempo: la necesidad urgente de una reforma migratoria integral, que respete la dignidad humana y reconozca la contribución de millones de inmigrantes al tejido social y económico del país.

Una Iglesia que acompaña, defiende y consuela

El pronunciamiento de Gómez no se dio en solitario. Se hizo eco del sentir de diversos líderes religiosos y sociales, quienes también exigieron al Congreso una acción urgente para resolver un sistema migratorio “roto e inhumano”.

“El Congreso debe actuar con urgencia para reparar el sistema migratorio roto que obliga a las personas a arriesgarlo todo al cruzar nuestras fronteras de forma irregular”, afirmaron en una declaración conjunta.

La voz de la Iglesia Católica, tradicionalmente moderada en el debate público, se alinea así con una ética del cuidado y la inclusión, sumándose al clamor creciente de comunidades de fe, activistas y organizaciones que exigen una respuesta humana, realista y compasiva al fenómeno migratorio.

Puentes, no muros

Mientras miles continúan marchando en las calles de Los Ángeles –denunciando la violencia institucional y exigiendo dignidad para todos– las palabras del arzobispo Gómez resuenan como una brújula espiritual para tiempos de confusión:

“Este es un momento para construir puentes, no muros. Para reconocer en el rostro del migrante, no una amenaza, sino a un hermano, a una hermana, a un hijo de Dios”.

En un país dividido por el miedo y la polarización, la voz del arzobispo Gómez recuerda que la fe cristiana no puede ser neutral frente al sufrimiento. Como Iglesia, estamos llamados a dar rostro humano al Evangelio, defender a los más vulnerables y proclamar con firmeza que ningún ser humano es ilegal.

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