San Salvador, 29 de mayo. – En una firme y esperanzadora toma de posición, la Conferencia Episcopal de El Salvador ha hecho pública una nueva Carta Pastoral titulada “Una voz que con esperanza clama en el desierto”, en ocasión de la fiesta litúrgica de San Pablo VI. Lejos de ser un documento meramente doctrinal, esta carta se erige como un llamado urgente a la transformación ética y estructural del país, especialmente en favor de los sectores históricamente marginados.
El mensaje de los obispos salvadoreños no se queda en generalidades. Con lenguaje claro y compromiso pastoral, abordan de manera directa algunas de las problemáticas más graves que afectan al pueblo: la desigualdad persistente, la migración forzada, la pobreza estructural, la violencia sistemática y el debilitamiento de las instituciones democráticas.
“Sin justicia social no puede haber verdadera paz, ni libertad auténtica”, afirman con claridad, recordando que la fe cristiana exige no solo rezar por el bien común, sino también actuar en su defensa.
Una voz profética inspirada en San Pablo VI
Inspirados en el magisterio del papa Pablo VI, especialmente en su encíclica Populorum Progressio, los obispos recuperan una visión de desarrollo integral que pone en el centro la dignidad humana. Con tono profético, denuncian un modelo de desarrollo que prioriza intereses económicos por encima de la vida y que perpetúa exclusiones mediante políticas marcadas por el clientelismo, la opacidad y la falta de participación ciudadana real.
“Todo modelo de desarrollo que ignora al ser humano y su dignidad está condenado al fracaso”, señalan en el documento.
Los obispos invitan a un examen de conciencia nacional y piden revisar el rumbo político y económico del país, exigiendo mayor transparencia, fortalecimiento institucional, inclusión efectiva de los pobres y apertura al diálogo como base de toda política pública.
Poner a los pobres en el centro: una opción ineludible
La carta recuerda que las políticas públicas deben recuperar un rostro humano, centrarse en las personas concretas y no en estadísticas. Se hace un llamado explícito a colocar a los pobres, las mujeres, los jóvenes, los pueblos originarios y las comunidades rurales en el centro de las decisiones nacionales, y no en la periferia del discurso político.
Desde una mirada evangélica y progresista, el texto interpela a todos los sectores sociales, incluidos quienes ostentan poder político y económico, a reconocer el valor irrepetible de cada persona y actuar con responsabilidad ética ante los grandes desafíos del país.
Propuestas para una transformación real
Lejos de limitarse a la denuncia, los obispos ofrecen propuestas concretas para la transformación nacional: una educación integral que forme en valores; el respeto al medioambiente como dimensión del bien común; el fortalecimiento de la cultura democrática; y la construcción de una cultura de paz fundada en la solidaridad, la verdad y la justicia.
Se trata de un texto que no solo cuestiona estructuras injustas, sino que anima a la ciudadanía a asumir un rol protagónico en la historia, rompiendo el miedo, la apatía y la resignación. Invita a soñar con una nación reconciliada, donde cada persona pueda vivir con dignidad y esperanza.
“Nuestra voz no es de condena, sino de esperanza”, subrayan los obispos. Una esperanza que no se cruza de brazos, sino que trabaja con amor y firmeza por un El Salvador más justo, más fraterno y más humano.





